La localidad ha instalado un mosaico de tropezones para recordar a las personas asesinadas tras el golpe militar de 1936
Desde este mediodía, bajo el arco central de la casa consistorial de Lodosa, el brillo del latón obliga a detener la mirada y a inclinar la cabeza. Allí 136 tropezones recuerdan a las personas asesinadas y fusiladas tras el alzamiento fascista de 1936. Un gesto sencillo en su forma, pero con el que tratan de devolver el nombre, la dignidad y el lugar que les fueron arrebatados hace casi nueve décadas.
Los porches del Ayuntamiento se han quedado pequeños. Decenas de vecinos y vecinas, familiares de las víctimas, representantes institucionales y colectivos memorialistas han abarrotado el espacio en el que han ondeado banderas republicanas. No era una celebración, sino un acto de reparación. Un compromiso colectivo con la verdad, la justicia y la memoria.
La instalación del mosaico ha sido posible gracias a la iniciativa de la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra (AFFNA-36), del colectivo Gurugú Taldea, de vecinos y vecinas implicadas con la recuperación de la memoria histórica, y del Ayuntamiento de Lodosa.
Un pueblo masacrado
La cita ha comenzado con un recorrido por los ideales que representó la Segunda República. Han recordado aquella Constitución que proclamaba un Estado democrático, que impulsaba la justicia social, el acceso a la educación, el reparto de tierras comunales, el sufragio femenino, el matrimonio civil y el divorcio, algo que fue truncado por el golpe militar y dio paso a una represión sistemática. Lodosa fue uno de los lugares donde esa violencia alcanzó una intensidad especialmente devastadora.
Los tropezones llegan Lodosa con el propósito de convertirse en un recordatorio permanente. “No solo honran a quienes fueron asesinados, sino que invitan a quienes pasen frente al Ayuntamiento a detenerse, leer sus nombres y preguntarse qué ocurrió”.
Las intervenciones
La alcaldesa de Lodosa, Laura Ramírez, ha definido el acto como «una deuda pendiente con la historia del municipio». Ha recordado que colocar estos tropezones supone “devolver el nombre y la dignidad” a quienes fueron asesinados únicamente por defender unas ideas y ha reivindicado la memoria democrática como una responsabilidad especialmente necesaria en el contexto actual.
En nombre de AFFNA-36, Joseba Gutiérrez ha recordado que detrás de las 136 placas hay 136 proyectos de vida interrumpidos y otras tantas familias rotas por la violencia y ha subrayado que el objetivo de la dictadura fue eliminar no solo a las personas, sino también su memoria. “Se pretendió imponer un olvido absoluto”, ha señalado. Sin embargo, ha añadido, «noventa años después el silencio ha sido definitivamente derrotado».
Gutiérrez ha explicado, además, que el mosaico convierte la plaza consistorial en un espacio permanente de memoria viva.
La vicepresidenta segunda y consejera de Memoria y Convivencia, Acción Exterior y Euskera del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, también se ha acercado hasta el municipio y ha calificado el acto como “una forma de cerrar un círculo que nunca debió abrirse”.
Ha recordado que Lodosa fue una de las localidades navarras donde la represión fue más intensa debido a su fuerte implantación del movimiento obrero, del republicanismo y del sindicalismo, así como por el intento de resistencia al golpe militar.
Ollo ha dedicado una parte importante de su intervención al papel de las mujeres, doblemente castigadas por la represión. Ha relatado las humillaciones, vejaciones y sufrimientos padecidos por madres, esposas e hijas de asesinados.
También ha hablado el historiador Roldán Jimeno, encargado de documentar la identidad de las víctimas. Su discurso ha sido un ejercicio de restitución histórica y ha recalcado que tras cada uno de los 136 tropezones existe una persona concreta: jornaleros, agricultores, ferroviarios, albañiles, maestros, comerciantes, artesanos, concejales, sindicalistas o pequeños empresarios. Personas con familias, sueños y proyectos de vida.
Jimeno ha explicado que la represión en Lodosa no fue consecuencia de enfrentamientos militares, sino “una violencia planificada cuyo objetivo consistía en destruir el tejido político, sindical y social que había florecido durante la Segunda República”.
Solemne música y ofrenda
La música del grupo Caja Negra ha acompañado el acto antes de que un solemne aurresku haya dado paso al momento más íntimo de la mañana. Tras descubrir los tropezones, debajo de dos grandes banderas republicanas, uno a uno, familiares de las víctimas ha ido depositando flores sobre las placas de latón donde aparecen grabados los nombres de sus seres queridos.
Homenaje a las mujeres
Esta mañana también han recordado que, unido a este proyecto, La Plazuela, Lugar de Memoria Histórica, incorporarán a finales de año una escultura que homenajeará a las mujeres republicanas, una obra que estará compuesta por tres figuras; será una mujer hablando con un niño y una niña, como si ésta le estuviese contado a los txikis la historia de lo allí acontecido. Será en bronce y llevarán vestimentas acordes a la época que rememoran. La artista que se encargará de hacerla será Mapi Gutiérrez.
Se ubicará en el centro, donde está la farola, que se cambiará por completo y mejorarán el entorno quitando los bolardos y la cimentación.
Además, y aunque sus nombres también aparecen en la casa consistorial, en el mosaico de tropezones, la idea es duplicar tres de estas chapas y que en la plaza se coloquen también los nombres de las mujeres lodosanas a la que asesinaron: Felipa del Pueyo Ruiz, Amada Morentin Roldán y Asunción Vergara de Luis.
También quieren habilitar un par de puntos con QR entre el Consistorio y La Plazuela, así como un gran panel en este último punto, para que la gente pueda conocer más a fondo la historia de la localidad.



